Un poema tranquilo

 

 

Me obsesionan del verano el cielo y los grillos, del invierno nosotros que seguimos sufriendo cada año impasibles, sin mudarnos de esta ciudad heladora. No soporto el frío ni lo largas que se vuelven las noches. Hace tiempo escribí un poema sobre vivir siempre saltando del hemisferio norte al sur, en un verano infinito. Si lo pienso de golpe, es posible que confundiera el verano con la infancia y a veces eso era lo que llamaba poesía. También tuve un sueño sobre un cielo de verano tan claro que se veía lo que quedaba detrás, por fuera del universo. Era un mamífero de color marrón caqui sin forma definida, semi estático. Su pelo era suave. Sentí que era mi amigo. Verano y universo también los confundo. Los poquísimos recuerdos que tengo de mi infancia siempre son en noches de verano. Lo mismo es porque en esas nos dejaban llegar a casa más tarde. Nos juntábamos los amigos. El cielo estaba abierto. Se veían todas las estrellas. Si tuviera que elegir entre el verano, la infancia y el universo, elegiría el verano. Por aquel entonces era más largo y menos caluroso. Eso ha cambiado. Existen cosas que cambian, y luego está la amistad. Según dice la ciencia, el universo siempre cambia. Últimamente leo mucho sobre el tema. Estoy estudiando cosmología. La cosmología ha afectado a mi poesía, que se ha vuelto menos solemne. Ahora quiero hacer poemas más tranquilos, más directos. Hace poco leí un libro sobre estrellas y su evolución. Hablaban de un tipo de astro que no conocía: la enana negra. Una enana negra es el resultado del ciclo vital de una estrella de poca o media masa. Aparece después del lento proceso de apagado de una enana blanca, cuando ha consumido toda su energía. Lo que queda entonces, una vez quemado todo el hidrógeno, es un cuerpo frío y negro, que no refleja la luz ni la emite. El cadáver de una estrella. Sin radiación luminosa o térmica, y con efectos gravitacionales relativamente pequeños, es casi imposible de observar en el espacio. Es un astro hipotético, que se ha teorizado pero nunca se ha visto, y lo que es más: se piensa que el proceso de enfriado de una enana blanca para convertirse en enana negra, puede durar entre varias decenas y varios centenares de miles de millones de años. El universo tiene solo 13700 millones de años. Es demasiado joven para que existan todavía las enanas negras. Todavía es un niño. Esta idea me gusta. Puede que la utilice en un poema. He leído muchos poemas sobre el universo de la infancia, pero ninguno sobre la infancia del universo.

 

ilustración ester cm

 

Vicente Monroy, poema

Ester CM, gif

Augusto Sonrics, música