Sybil Vane ante el espejo

 

 

Debo confesar que

soy adicta al olor de mi sexo

es como el de flores raras

que crecen en una magdalena.

Pienso que hay niñas que las cuidan

y danzan con muñecas chinas

alrededor de un fuego violeta.

Me despierto con el vientre hinchado,

mi cuerpo es una carga

que abandono cuando

hago brotar escarabajos de mis dedos.

Escapo de mí

y abrazo un árbol,

un espejo

para reencontrarme

me enfrento

y me escupo la cara.

Me digo:

«este cuerpo es tuyo,

no lo abandones al silencio del mundo»

Me digo:

«la belleza consiste en dejarse muda

y yo te veo, Marlene,

y quiero gritar».

Me digo:

«este cuerpo es un grito inasible

es real

y VOS sos un espejismo».

—De mi sexo caen pájaros

levemente muertos—.

Me derrumbo.

Abro mi pecho

—la magdalena se quiebra

dulcemente—.

Me beso.

Horriblemente me beso.

me clavo agujas en los ojos

Soy una mancha.

Una mujer que llora por todos sus huecos.

 

Ilustracion Poema Insecto4

 

Marlene Ayala, poema

Pablo Benlliure, ilustración

CURVA, música