¡Mira a los malditos pájaros divertirse en el cielo!

 

 

Y al león al que le crecen dientes de león sobre los dientes.

A la iguana con escamas doradas y canicas con nebulosas como sus ojos.

Y el brazo henchido de venas donde se apresura la sangre transparente del dios que

extiende el brazo para aplastarnos.

El submarino cerebral conducido por pulpos fusionados a corales hiperconscientes.

Y la apertura interestelar al interior de un tacón perdido en el sitio más inhóspito de las cañerías.

Un americano hecho con lágrimas de hadas prostituidas por un perro salvaje.

Y los clavos armónicos sobre el caparazón de la tortuga mitológica que desahoga su

infinita necesidad de desintegrarse con las nubes.

La pluma de pan.

La corona de barro azul.

La vagina de hielo rutilante al fondo del mar Antártico.

Y el cometa fálico que se aproxima al centro sensible del universo para jodernos a todos.

Las hormigas de oro líquido desplazándose a la velocidad del sonido en dirección al

centro del planeta.

Y la mirada grande de un niño que sueña.

El cielo tranquilo,

y una tarde como cualquier otra.

 

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Víctor Tzompantzi, poema

Helen Hejl, ilustración

RVNGEL, música