Mi mejor maestro de poesía fue un perro

 

 

Conocí a mi maestro en el mes de junio

cuando yo buscaba tabaco en las calles

y mi pierna enferma conocía los suburbios

y a las pelusas.

Perpleja y  frente a su mirada caí

acaso a la primera sílaba

acaso al primer signo.

Mi maestro, un vil perro:

cruel como una cinta que olvida la melodía

ajeno como un país del Sur.

que no basta llorarle

porque jamás se acercará.

Así de perro, tan vil

me enseñó que se escribe

para que brille la rabia

para que perramente

se hagan cosas perras

actos perros

poemas perros

 

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Romina Cazón, poema, ilustración y música