Este texto no es un gordo que sorprende a todos

cantando en American Idol

llevando a los jueces al llanto

con esa revelación tan de siglo XVIII

esa sensibilidad muerta

apenas un jirón de un traje que rasgamos

para librar la asfixia.

 

Lejano el tiempo en que pensamos que la poiesis

podía ser la escalera de la redención

somos la caída de una idea que nunca tuvo sentido

arañas buscando un nido en el que nunca desovamos.

Nos ha asfixiado la grandilocuencia

pensar que podíamos gritar galaxias enteras

mirar más allá de un pedazo del roto espejo

en el que intentábamos caber completos.

 

Nada cabe aquí sino un pequeño imán

un producto de la multiplicación de sustancias

dióxidos a punto de volver a oxidarse

y después el humo.

 

Al filo del miligramo de cada pastilla

a la orilla del polvo infinitesimal

en ese espacio de nada y para nada

llega a ninguna parte la poesía de mis favoritos

en este estar viviendo lo que no quiere vivirse

esta negación

este escuchar lo que nos divide

no por ánimo de confrontación

sino porque la pelea es inútil.

Nos encanta drogarnos para ver arder la literatura

y luego espurgar entre las cenizas.

Íbamos con la prisa del correcaminos

y caímos en nuestro propio túnel falso

del impacto sólo quedaron guijarros

con los que armamos un caleidoscopio

este paisaje morado y neón del que nadie quiere migrar

la diáspora de la poesía nos condujo a todos al mismo lugar

nos volvió refugiados de un no-espacio

nos enamoramos de acarrear piedritas

de un espacio a otro

cavar un hoyo para tapar otro hoyo.

Con todo y eso hemos superado ciertos obstáculos.

Dejamos de confundir la poesía con la muerte

o con lo mágico o con la esperanza.

Ninguna otra cosa hubiera podido salvarnos.

 

hologramma

 

Ricardo Suasnavar, poema

Gustavo Pontón, fotografía

Chase the devil, música