Tiene miedo de convertirse en un balón de goma, con olor a caucho y de piel antideslizante. Fue tratado clínicamente hace treinta y cuatro meses, tres semanas y dos días. Desde entonces no tiene ataques de pánico o paranoia y había sorteado muy bien sus clases de educación física en el colegio. Pero desde hace diez minutos está siendo golpeado con balones de forma repetida en la cancha de atrás del colegio por unos bravucones. ¡Cara de balón!, le gritan. El miedo emerge. Su respiración se agita, inhala más aire del que necesita y no está seguro de expulsarlo todo. Comienza a repetirse mentalmente las palabras que su médico le dijo repitiera y que funcionaban tan bien. «Soy un ser humano, de carne y hueso». «Soy un ser humano, de carne y hueso». Tiene los ojos cerrados. Siente su piel aglutinarse. Tiembla. El balón golpea una y otra vez en cada parte de su cuerpo. ¡Cara de balón!, le gritan. El olor a caucho. El sonido de rebote de los balones contra el suelo especial de la cancha y el rechinar de las zapatillas. «Soy un ser humano…». Su cuerpo se hace liviano, cada vez más liviano. Está en posición supina sobre las líneas del borde izquierdo de la cancha. Es inevitable. Su cuerpo se agita ferozmente hasta convertirse en una esfera de color naranja, o así lo siente si es que siente algo ya que no parece reaccionar a las palabras del director, ni a las de su madre después. Ella llora. Lo saca en brazos mientras la clase de sexto año se prepara para iniciar un partido de baloncesto. Perderían por tres puntos contra los de octavo.  

 

Didier Andrés

 

Didier Andrés Castro, cuento

Emilia Mejía, dibujo

Leo Castellón, música