De niña, las letras en el pizarrón se me borraban. Por esa razón pasaba la vida en bicicleta, patines y escapadas con mis primas hasta el cerro de la Estrella. A los cincuenta años, con La larga vida de Mariana Ucría, empecé a desvelarme con lecturas deliciosas. Tiempo después, entendí que la escritura iba a tomar su camino. Hoy necesito compulsivamente una hoja en blanco.

 

Colaboración: Un abuelo de caramelo, cuento.