A las doce de la noche mi barba blanca se esconde entre sábanas de hielo, en este lugar no se aguanta el calor. Cruz, cruz, cruz. A la abeja vieja le encantó mi nariz. ¿Cómo se atreve? Si soy el duque, si soy el dueño de todo lo verde y de todo lo azul.

Soy el duque, muevo mi dedo índice, media vuelta dedo, sube dedo, apunta uña, ¡detente!, no quiero caer en la tentación.

¡Cuándo se me quitará lo metiche! Apenas llegas a dejar la miel y ahí te voy a meter las narices. Y tú, qué abeja, ¿acaso eres la reina?

Yo que soy el duque, quiero que mis pies sean de coco, mi cuello de camote y mi tronco de turrón.

¡Quítenme de encima a esta abeja! Pónganle un espejo enfrente para que vea su corona de cartón.

¡Soplador, tejedora, alfarero! ¡Auxilio!

A ustedes los del cuadro, les estoy hablando. O bajan en este instante, o yo, el duque voy a estar de un humor de zapote prieto. ¿No ven que a la chupadora le urge picarme?

Te agradezco soplador de vidrio tu ayuda, por mí dejaste a la hilandera sin ese beso transparente sabor a limón.

¡Tejedora! ¡Alfarero!, brinquen en este instante, traigan la piñata de siete picos.

De los rincones

salen ratones

a saborear

mi piel azucarada.

Soy el pastel

soy el pirulí,

soy una paleta

de ajonjolí.

Apúrate tú, hilandera, sal del cuadro, deja de estar pasando por ese anillo los rebozos de seda. Hazme el favor de ovillar estos hilos plateados que en mi barba se vuelven algodón de azúcar.

¡Cuidado por donde caminas! Esquiva las cubetas tumbadas en la orilla del marco, por el torpe alfarero. Antes de dar el salto, dile lo peligroso de su horno caliente. ¡Qué lo apague! no quiero una piñata echando chispas.

Sí, ya sé, de todos modos van a esconderme dentro de la olla, pero no saben que regresaré más sabroso en las canastitas de colación.

Avísenle a Jacinto, mi paje, que ya no lustre las botas de cajeta que venga a jalar la cuerda de la piñata.

¡Prendan las velas! ¡La posada va a empezar!

Kyrie eléison

Christe eléison

Ora pro nobis

Ora pro nobis.

No puedo moverme. Hoy le dan de palos a la piñata. Ya escucho.

Dale dale dale,

no pierdas el tino…

Métanme en los picos de la estrella. ¡Aprisa niños! Mi codo derecho es un barquillo de vainilla, mi codo izquierdo es un bastón de chocolate.

Algún día mis nietos entrarán a este cuento.

 

Patricia Muldoon