Elena pide ayuda

a quien sea que escuche, implora,

hasta a los dioses porque le faltan las fuerzas

para cargar su pasado, dice que

pesa como un túnel de hierba y montañas.

 

Elena tiene una bufanda de pasto que no la deja irse demasiado lejos de sus raíces

sin sentir nostalgia.

 

Se deprime de ver en su rostro

como se erosionan los paisajes de su infancia,

triste de ver las nubes en la carretera, de dibujar muñecos de palitos

en el vaho de las ventanas del coche

triste de ver llorar gotas de lluvia a las caritas sonrientes.

 

Elena ya no sabe cómo fingir sonrisas

o cómo exagerar sus lágrimas, no sabe

tampoco cómo salir del laberinto de la melancolía

cómo dejar de ser un fantasma en una ciudad de cuerpos sólidos.

 

Elena piensa en cosas horribles cuando bebe el café a primera hora de la mañana.

Sueña con una niña que es un río,

su sonrisa está hecha de piedras, su risa de burbujas,

le dice al oído,

no dice, susurra

en un idioma viejo,

que necesita ayuda urgentemente

para desenterrar unas estrellas brillantes que

perdió en su madriguera, que

necesita esas estrellas para ser feliz y Elena le responde

ay, con una voz de agujero negro

que ni con una estrella en las manos podría ser feliz y la niña que es un río se puso a llorar porque le duele ser niña, tan frágil, hecha de agua tan leve, tan voluble.

 

Cuando Elena se viste, sigue soñando

que su vestido de bodas estará hecho con telarañas

y será tan blanco como sólo las nubes saben ser blancas

y todo será tan lindo después

y todo era tan lindo antes.

 

¿por qué estar ahora frente al espejo

se siente como tener que cargar

una cabeza de piedra gigante

con piernas y brazos cansados?

 

¿Por qué existir ahora en este cuerpo

es como tener que caer desde un edificio?

 

¿Por qué existir ahora en este cuerpo

es como estar sola en medio del océano?

 

¿Por qué lo que dolió hace cinco años, cinco siglos, sigue doliendo tanto?

 

Elena necesita

sentir la ilusión de cada navidad,

el dolor en las rodillas en la noche cuando crecía

la inocencia de los primeros amores

pero todo eso quedó cristalizado

y Elena frente al espejo se siente como si enfrentara una ola gigante y apocalíptica.

 

 

Ay mi reflejo está bien triste

piensa Elena

ojalá pudiera curarlo.

Pero el vidrio me impide hacerle compañía.

 

Elena sale a trabajar

pero sus pies le pesan

(sus calcetines son de roca volcánica)

y así va todos los días arrastrando los pasos

soñando que todo va bien y fingiendo que no pasa nada

pero cada noche en un susurro secreto, pide ayuda

a quien sea que escuche.

 

Mateo Granillo