(Basado en una leyenda quechua) 

I

Cuando empezó el eclipse, Nauí le dijo a su hermano Turai que soltara las cabritas porque la luna iba a tapar el sol. Turai fue rápido al corral. Mientras un astro pasaba por la sombra del otro, se fue haciendo de noche. Las cabritas dejaron de mordisquear la hierba y levantaron la cabeza para mirar lo que estaba ocurriendo.

 

II

Nauí corrió para ver el eclipse, trepó a la rama más alta del lapacho y se quedó mirando cómo el sol se iba apagando. En ese momento unas plumas empezaron a brotarle de su cuerpo y la niña se hundió entre las hojas amarillas.

 

III

Turai escuchó que su hermana lo llamaba y pensó que ella no estaría muy lejos. Quizás había ido a buscar agua por el camino de los árboles. Al dar unos pasos, oyó un ruido que venía del lapacho amarillo, miró hacia arriba y le pareció que detrás de una rama asomaba un pájaro.

 

Turai no te olvides de guardar las cabritas, escuchó.

 

El niño se acercó al árbol, y aunque apenas podía ver un par de alas que se movían entre las hojas, se dio cuenta de que allí estaba Nauí. En ese momento el eclipse empezó a alejarse.

 

IV

Cada vez que la tarde se desvanece, Turai se detiene al pie del lapacho. Nauí tiene cosas para contarle y se las cuenta. Turai la escucha y entonces cae del árbol una pluma color pardo.

 

Cuando el niño se despide de su hermana y empieza a desandar el camino, mira los árboles que se mueven y le parece que en todo el monte está Nauí.

 

Turai sabe que ella tiene un mundo en lo alto del lapacho y Nauí sabe también que su hermano tiene otro mundo junto a las cabritas. Cuando cae la tarde y el cielo y la tierra se tocan en un punto, pueden volver a encontrarse.

 

Perla Suez