Con la feracidad del enjambre enfurecido de mi alma

 

Con la feracidad del enjambre enfurecido de mi alma,

con el temperamento del baño helado de la existencia,

con el redoble del hambre en cama que me acompaña,

con la sátira de la correa que aprieta mis ideas,

con la necesidad hueca y femenina que me echo al lomo,

con la suave ventisca del murmuro de la calle,
con la joven e inmadura satisfacción de mis apremios,

con el idioma blanco de las medusas,

con el amor verdadero que se tienen las cebollas,

con la ceniza, el oboe, la cal, el barro,
con los salitres que se postran en tierra ceniza,

con el rojizo y mezquino cuerpo que me persigue,

con la consistencia de los sueños que dieron raíz,

con festín y fe,

conmigo: te pienso.

(Con el suave pensar del vaivén que produce el viento en las olas)

 

 

 

Desdicha

 

i.

No.
No te tengo miedo.
Carezco del típico miedo irracional. Tengo más miedo a la desdicha
que a cualquier malentendido deforme. Tengo miedo a desplomarme,
a horrorizarme de mí mismo.
La desdicha,
la des hincha,
la desdi, che
la destetada,
la desolación,
la desahuciada,
desheredada
desdicha,
destapada,
chorreada,
disléxica.

El miedo y la desdicha fueron las herencias de mi padre, fueron un diminuto regalo intravenal,
minúsculo cromosoma heredado.
Hijo del padre desdichado,

el peral boreal del cual comemos,

hijo de tigre pintito,
el pie del que cojeamos, Migha…

ii.

«¡Cómo te ves me vi, cómo me ves te verás!»
Entre más crezco siento que soy más parecido a mis padres. Siento como si fuera una condena,
un ciclo,
como si estuviéramos anclados a repetirlos.

Me horroriza crecer, verme más viejo, con mi panza de kilos y ausencias de más, me quiebro.

Dicen que uno deja de escuchar nueva música cerca de los treinta, pero yo quiero seguir vagando
por esta vida de rockero y malnacido.
¿Será que estoy chavoruqueando?

iii.

Quiero que te vayas.
De esto estoy convencido, quiero que te vayas: tablas, aquí muere,
vida mía, mátame.

Vete aunque me quede con este hígado cirrótico,
vida, vete, aunque me quede con este cansancio que aturde, con esta frustración versátil,
con este suspiro ya exhalado y este limbo limfático,
Vete aunque me quede con este miedo…
miedo a seguir siendo yo mismo,
a ser mi propio verdugo,
a atragantarme con mis propios bocados.

«El pez por su boca muere» Habrá que soltar, habrá que soltar.

iv.
Migha, vivimos en tierra de nadie:
«Nos callan, nos aprietan, nos arden, nos ametrallan, nos acaban. Eyaculan, ríen, asfixian, violan, disparan.

Nos matan, ¡cínicos! Se burlan, ¡cínicos!» Migha, el pueblo está marchito:

«Se burlan, nos aprisionan, nos ahogan, nos lapidan, nos saquean, nos violan, nos ultrajan, nos acribillan, nos torturan, nos acallan, nos matan.
¿Hasta cuándo? ¡Maldita sea!»

¿Será mejor aceptar nuestra derrota?

Alfredo Lozano