Querida Paleta Payaso:

Te escribo estas líneas pa’decirte que ahora te valoro, sabes que nunca nos llevamos bien, sabes que lo bueno de ti siempre han sido las puras gomitas de tu cara y que después los niños te dejan o te esconden entre las macetas de las fiestas con dos o tres mordidas nomás. Y ya el colmo es que hasta la envoltura es más interesante que tú. Te he visto tirada en la maceta mientras los niños se pelean por tu envoltura pa’meterle la mano y hacer como si fuera un títere de guante. Siempre a los payasos les va muy mal, ya lo deberías saber. Ahora cada vez que te vea tirada entre las macetas de las fiestas prometo comerte toda hasta chupar el palito.

P.D.: He descubierto que los ojos ni la boca son impresindibles.

 Siempre tuyo,

Valentín Arcadio

 

Querido Fer Vega 

(Carta No. 5)

 

Te escribo esta carta para confesarte mi envidia por tus pestañas. Siempre lo he querido disimular o arrancártelas de una vez por todas. He llegado a pensar en nuestro signo zodiacal como una amenaza cuando el alcohol se nos sube a la cabeza. 

Levantamos a los cuerpos, nos inhalan, nos ponen sobre el espejo. Los aparta-mos de este mundo en donde existen sólo en imagen para llevarlos a otro, donde existen sólo en imagen. Al sueño le pelamos los dientes.

A nuestras víctimas las arrullamos entre risas y vasos que desbordan la promesa de la noche. Les mostramos al sueño sin sueños.

También he llegado a imaginar qué podría pasar si tú y yo fornicáramos; somos tan delgados como la esbeltez que nos consume; un pequeño apocalipsis, crearíamos un mundo nuevo, ya sabes, nos gusta la moda. Fer, somos una Helena de barrio. Levantamos la guerra y nuestro Caballo de Troya es un shot de mezcal con nombre Kitsch.

Desde el lugar donde te escribo hay muchos escorpiones con el color negro desparramado. Ya sabes, como cuando nos miramos dentro de las películas de Tarantino y  enseñamos a los niños a tomarle gusto a las secuencias de los filmes de Gánsters.

Los escorpiones me dan clases de cómo ser elegante sin mirarme presuntuoso o efectista, no sabes, te encantaría este lugar. Me dicen en cada inhalar cómo orear los sueños, me dicen la manera de tallarlos contra el lavadero hecho de cemento en nuestras azoteas y jugamos con la espuma gris. A los sueños los dejamos orear mientras me llevan a comprar ropita íntima para gustarles más, me dicen que las transparencias en los calzones siempre son más guarras.

La parte que temo es cuando llegan las clases de cómo hacer el amor; ya me hice adicto al veneno.

Tengo todo el cuerpo hinchado y apenas si puedo jalar aire con los escasos milímetros que abre mi tráquea; la sensación de copular con un escorpión, como bien sabes, es la de oxigenar el cuerpo sin él.

Llevo copulando más de 16 días sin parar y mi tráquea es tan delgada ahora, que podría asegurarte que ya no necesito aire para vivir. 

Son tan maliciosos como la Helena, provocan la voz afilada, el comentario exacto, permiten la mañana.

Me levantan por los bares de la ciudad y por las descarapeladas vecindades.

Su cuerpo pesa como la más hermosa lapida; como las nubes que nos guardan.

      Siempre tuyo,

Valentín Arcadio

 

 

Querida Mipanocha Rurru 

(Carta No. 6)

 

Te escribo estas líneas para decirte que un día seremos unas ballenas libres y seremos adictas a aparearnos entre nosotras y con humanos y con delfines y con pulpos hermosamente malignos. Provocaremos tsunamis y viajaremos por todo el mundo sin que nos deporten.

En el lugar en el que me encuentro, Novalis y Mallarmé siempre van conmigo en la cajita que me dieron para guardar mis píldoras, me los cuelgo y luego simplemente dejo que se entibien al empezar la noche; soy tan incrédulo que me es imposible escribir la palabra estrella sobre un papel o una tripita de tiburón bebé.

Te escribo desde un lugar extraño: me encuentro en la matriz de una tiburona y mis hermanos tiburones me quieren comer. A veces, imagino al buda para poder escurrirme del insomnio. Mis hermanos llevan más de 7 minutos que no me despegan la mirada.

Las tazas de café y de té las procuro antes de las 12 del día, pero sucede que la acumulación de LSD en mis vertebras y mis discos lumbares hacen que concilie el sueño justo a las 12 del día; tal vez por eso NO pienso en las estrellas ni en la soledad que producen éstas a la retina cuando las miras.

Hoy me he comido a unos tres fetitos, he llorado un poco. Ahora te escribo esta cartita de amorst entre viseras y husitos de bebés tiburones. Mirar las estrellas es una manera de recordar al recuerdo, son como fotografías tomadas y eso al Buda no le gusta. El Buda dice cosas muy extrañas: dice, por ejemplo, «nada existe», y también dice que el recuerdo es el futuro. Espero que cuando mi mami tenga al único tiburón campeón, salga con todo y restos de los otros (muy probablemente no sea yo). En fin, sé que esta carta será expulsada por mi mamá en algún momento y viajará por el mar y llegará a ti.

¿Qué diría el Buda de Mallarmé y de Novalis? Veo al Buda dándoles de nalgadas y reprendiéndolos por aferrarse a la noche, a las estrellas. He llegado a recordar el mirar de los gatos a la noche. He recordado a los gatos mirar la vacuidad de las cosas; miran a la noche sin que sea la noche y a la luz del estambre como a la noche.

Buda dice que debemos mirar la vacuidad en la estrella, en la noche y en el estambre. Veo al Buda yendo y viniendo de la mirada de un gato. Mallarmé y Novalis debieron escribir de lo que hay en la mirada de un gato, en vez de escribir de la noche.

Bueno, ya me tengo que ir, y recuerda: estate atenta a cualquier señal que venga del mar; la carta puede llegar en forma de una toalla sanitaria usada, o de unas tripitas de bebé tiburón, o en forma de estambre.

Tuyo,

Valentín Arcadio