Tomar dos chiles de árbol

rebanarlos finamente.

Olvidarse de las manos

y sus heridas.

Olvidarse del malestar,

sobre todo de su origen.

Rebanar los chiles,

cambiar de tarea.

Sentir, de pronto,

el incremento de un ardor.

Recordar que tu piel

es defectuosa,

que tienes dermatitis,

que ese ardor no es gratuito:

es la rabia incandescente.

 

Alejandra Quiroz Hernández