El monstruo no soy yo.

El monstruo son los otros.

EL SANTO, Vida, obra y milagros

 

El amor no existe.

El deseo, la atracción, la inyaculación;

son hologramas que el universo crea 

para evitar la polución.

En la hora más muerta,

el viento helado que emiten los cuerpos

al pasar por las puertas

dictamina una sentencia de existencia.

Viento negro, ojo de lince, pájaro en mano

el mantra interminable de acontecimientos

revelando al espíritu y su azote,

en la espalda de la razón.

Mi película comienza mal…

mi película termina peor,

el sol salió y me cantó.

Y la circunvalación terrestre

se a-cornisa y el yo grita como ahogado

en un filme de horror

interpretado por el santo y blue demon;

un cortometraje efímero de serie B

en donde no hay bettys page

que lo eroticen y lo vuelvan divertido.

Las momias de Guanajuato se han escapado de sus catacumbas 

y pueblan las avenidas, 

y a la bambificación del dulce alba

le escurre la ternura

como el moco infeccioso de la gripe aviar

que no cesa hasta causar la muerte.

Estamos todos jodidos

y la autocompasión no nos alcanza

para sacudirnos lo pendejo.

El amor no existe.

El alma se hiela

y sus escarchas, son tan tiernas

Como para hacer llorar a un hombre

entonando una triste canción 

«Micaela, Micaela, que tú tienes algo mío».

El tren va en camino a descarrilarse.

¿Lloras tú?

 

Francisco Gutiérrez González